HERNÁN TENORIO. NONEGAR

El viento

No es la tormenta lo que temo.
Son esas luces que titilan,
endemoniadas,
en el camino.

La mañana se precipita sin control.
Ahora, tengo un poco menos de sangre.
Otros líquidos se reponen más rápido, pienso.
Al menos, ese es mi deseo.

El viento
–lo veo por la ventana–
sacude las ramas de un paraíso.
Hace cincuenta años que el árbol está de pie en la vereda.
No sé cuál es mi temor.
No creo que se caiga por un poco de viento.








Justo en el borde

No siguen nadando,
en el estanque mugriento,
los patos de nubes.

Una paloma contempla el agua,
abstraída.
Por un momento,
siento que va a saltar
pero no,
se detiene justo en el borde.








Las dunas

No se ven los pájaros
ni la tinte del templo
cruzar el soplo
en su espejo mustio

y la hora exacta se rompe
con la llegada de las dunas

un sol petrificado huye del cambio
se empobrece el día.








El reloj

No es el tiempo una medida justa
mucho menos real
que los mares dorados
que las cacerías humanas
son los semáforos
inquietos en alguna selva tropical
las avenidas inconscientes
los pararrayos escoltas en un cielo fantasma
y este día en el reloj transparente
como el aura de algunos seres
de algunas cosas
como el miedo atravesando una espada.










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