lunes, 16 de enero de 2017

RENATO MAZZINI. HISTORIA INCONCLUSA DE LA VELOCIDAD
























Aquí comienza la Antártida

este dolor está basado en un piano Fender Rhodes,
a propósito del tiempo y de ciertas propiedades
convenientes al olvido solamente recordamos
algunas circunstancias, una puerta
atascada por pilas de folletos que
se acumulan como montañas informativas
de polvo, iluminación blanca exagerada en
todos los domicilios cercanos, la visión externa
de casa a diez metros de distancia y su impresión
taciturna y bidimensional. ahora el piano necesita
cinco personas para llevarlo afuera.
antes una franela, alcohol o detergente,

Este es el lugar hacia donde siempre regreso:
ojos hacia el suelo, reloj pulsera








Cañones

es decir, a veces hasta parece un mar de imágenes
o un gran acuario reproduciendo dobles nuestros en
varias fases, entre los peces y las piedras artificiales, es
decir, parecemos contenidos en ese acuario, o a veces
expelidos en eyectores discretos, como picos de
teteras o respiraciones de animales domésticos (nuestros
gatos, por ej.) a veces, parecemos una suma de
notas musicales incoherentes, en escalas repetitivas, o
combinaciones de teclas apretadas al azar y volcando
sobre la pantalla nombres aleatorios o cifras para una canción
realmente menor. es decir, ese pasto ahí adelante
representa bien nuestro aislamiento en lugares abiertos,
que creo es el súper poder de los desafortunados o una
rara habilidad ancestral. a veces dibujamos, y las
personas o los seres antropomórficos de nuestros garabatos
son siempre endebles y profundamente inadecuados.
es decir, tal vez nos interesemos mucho por eso, o
nos interesemos demasiado por eso o nos interesemos
por eso en la justa medida; a veces querría que no
te sonrojaras con ese tipo de cosas; es decir, nuestros
hijos también pasarán y cuando estemos bien
muertos tal vez ya tengan sus propios negocios y
sean exitosos y sus esposos (as) les
recuerden siempre que nos traigan algunas flores,
gesto que si ahora ya nada nos importa,
qué significará después. es decir, el espacio sideral es de una
capacidad absurda y comportaría no sé cuántos navíos.








Dojo

Bajo la enagua espesa de la oscuridad
casi sofocando la lámpara
de luz amarilla, manos, brazos,
puños, piernas discuten, físicos,
la tarde de lluvia, robando del
desgaste en la alfombra el modo,
acentuando el enrojecimiento de los ojos
el ocre del sudor en segunda
capa la solidez de manos brazos
puños piernas, su danza, los
desniveles del tronco, la lámpara
casi sofocada bajo aquella
espesa enagua de oscuridad.








Club de desfibrilación

ves perder como
una cierta contraposición de
distancias
la fuga en el dorso de un insecto
(alas abandonadas al día
siguiente, el garaje un
campo de batalla amanecido,
silencioso)
alguien tocando un vibráfono
alguien tocando una mandolina

ves la pérdida como
una persona fumando en la oscuridad
un agujero encendido en un panel negro
preguntándote si esa sería
la perfecta antítesis de la luz








Mojave

el ocaso cuando todo se cansa en la
poca luz -- los olores domésticos
prescinden de circular y la ventana
registra el pasaje forzado de
bicicletas y cuatro docenas de pájaros
bien encerados en tonos de amarillo
se posan en un cable telefónico
trampolín para la profundidad
bidimensional del cielo —

la madera de los muebles más antiguos
cruje, sabemos que podrían ser
voces en frecuencias ininteligibles
informando alguna cosa grave:

apoyamos las bolsas sobre cualquier

mueble y giramos la llave dos veces





Traducción María Rosa Maldonado 

lunes, 9 de enero de 2017

FLORENCIA FRAGASSO. SUPERPODERES






Ardor

Otoño se dice tardor no hay que olvidarlo

Tardor tardor y un sol
que se pone va dejando el tendal
de un paisaje rosa y ancho
Me corrijo “no es atardecer ni puesta de sol tardor,
es otoño” pero a mí
me sale rosa
con algún que otro celeste y un violáceo
que traza un horizonte chueco
en la foto mental de hace mil años

Tardor se traba en la lengua
como una palabra en lunfardo
que hay que girar de golpe
para verla de frente

Y en realidad todo el asunto
no es más que el recuerdo de un verano que viví
cerca del mar y una lengua
extranjera pero hermana
se me iba aprendiendo sola
en un punto del paladar

Apenas fue un idioma que se me dio prestado
por una temporada caliente y dura
que tuve que soltar de la mano como un carbón ardiente







Ruido blanco

Intento escribir algo
pequeño y sustancioso
como un huevo o cigota
en medio de la vida desprolija,
algo donde lata, por ejemplo,
la esencia de aquel cuento
que nos contaba mi papá los sábados a la tarde.
Pero es intentar armar un rompecabezas
en medio de un bombardeo
¿cómo evadirse sin dejar de estar acá?
¿cómo, sin irse, apagar el ruido ambiente
hasta volverlo blanco?







Andarivel

Si nado a brazada limpia
ondeando el agua
y me quito de encima
las cosas que me cruzan
y allano el camino
como abriendo las alas
¿dónde va a parar
eso que aparto?
¿Se irán cayendo las cosas
por algún precipicio sin paisaje
o se acumularán como basura
apelmazada
formando otras sustancias
con el tiempo?

Si nado suave
sin chapoteos
y hago del agua una alfombra lisa
y yo mecánica
avanzo
y a todo lo que viene a interponerse
lo alejo
lo menosprecio
no pienso ya en buscarle un lugar
entre las cosas
sino en que desaparezca
de mi vista
¿todo eso:
después vuelve
como un boomerang
hecho un bollo de restos con olor a cloro,
amalgamado?

Si para olvidarme, nado
sin mirar más que un piso
azul un poco gastado
con apenas unas rayas
negras parejas
y no siento ni pienso
ni acomodo
y respiro como dando patadas
¿entonces olvidaré para siempre
o al salir del agua vendrá la memoria,
enredada,
imposible de tan acumulada,
a querer que la clasifique,
que la entienda?

Si nado
y no hay nadie a los costados
me desplazo
sin ruido de pulseras
hacia un adelante siempre nuevo
sin pasado, nítida
como vacía de mí
¿estarás en el vestuario
con el toallón abierto como brazos o alas
esperándome
para cuando cansada
tenga que despegarme
la gorra de goma del cuero cabelludo
secarme, vestirme
volver a la calle
y de ahí a casa?







Sala de estar

Vestíbulo no sé qué es,
una palabra que leo en las novelas,
con el tiempo le fui inventando
cierto significado
de espacio húmedo y circular,
antesala
del acontecimiento

Ni hablar de los aposentos
siempre en plural
con personas que yacen
bajo una luz sepia
como recuerdo
del acontecimiento

Dónde pasan las cosas
entonces,
en qué lugar de la casa
pasa algo que no sea
preparación o consecuencia

Mi casa es demasiado grande
como para que todas las partes tengan nombre
aunque confieso que me encanta un apodo
que le ponen a ese espacio residual
entre el baño y las piezas:
hall íntimo
que de íntimo no tiene nada
salvo que una pasa en toalla
apurada
con el pelo chorreando todavía







Los modos

Son modos: mi madre, por ejemplo,
va destendiendo la ropa
poco a poco
según se sequen, a su turno,
una y otra prenda;
con un tacto veloz
detecta la humedad
de los bordes de las telas
que el sol menos tocó

aunque no haya amenaza de tormenta
ni haga falta el espacio
para colgar más prendas
ella lo hace así –son modos-
yendo y viniendo

en sus intercaladas excursiones
desde y hacia el patio
a la ida, con brazos sueltos
a la vuelta, a manos llenas-
danza sus días y las partes
de sus días en un pentagrama
salpicado de blancos

mientras sin querer y sin saberlo
va burlando la inquietud
que murmuro en silencio,
son modos: donde yo desespero

ella pasea 







sábado, 31 de diciembre de 2016

2016: MARIO PERA


mario pera



UN BLOG DE ESCRITURA: 

https://copypasteilustrado.wordpress.com/





UN POST QUE RECUERDES (LINKEARLO):

https://copypasteilustrado.wordpress.com/2014/10/30/andre-coyne-recuerda-a-su-amigo-intimo-cesar-moro/




UN TEXTO QUE TE HAYA SORPRENDIDO ESPECIALMENTE:

http://sol-negro.blogspot.pe/2016/12/entrevista-al-poeta-guillermo-chirinos.html




UN LIBRO (NO IMPORTA EL GÉNERO)

4 salmos” de WS Merwin




UN AUTOR QUE TE HAYA IMPRESIONADO:

WS Merwin, potencia un claro as bajo la manga de la poesía estadounidense.


¿PODRÍAS SEÑALAR UN ARTISTA VISUAL?:

Gam Klutier



SI TUVIERAS QUE DESTACAR ALGUNA EDITORIAL MENCIONARÍAS A:


 a. Vaso Roto, por su trabajo de difusión de poesía en otras lenguas al español

 b.
 Amargord, por su trabajo de promoción y difusión de los escritores de habla hispana.

 c. Liliputienses, por su trabajo en el descubrimiento de nuevas voces o nuevas perspectivas de ensayar la poesía.



DESTACARÍAS LOS APORTES CRÍTICOS DE:

a. Reynaldo Jiménez

b. Yves Bonnefoy


c. José Ignacio Padilla




¿HUBO ALGÚN EVENTO (CULTURAL O “LITERARIO”) QUE MERECERÍA DESTACARSE?

 “La exposición La página blanca entre el signo y el latido. La edición del libro literario (1920-1970)”, de la Casa de la Literatura Peruana.

         “Presentimiento de la luz. Vida y obra de Blanca Varela”, de la Casa de la Literatura Peruana.
-          
-       “Ex libris, de Luis Antonio Torres Villar”, de Centro Cultural Inca Garcilaso.

-          

-    Dejo constancia de mi asombro que ninguna institución nacional haya homenajeado al poeta Alejandro Romualdo por sus 90 años.









jueves, 29 de diciembre de 2016

2016. THIS IS THE END. MAURIZIO MEDO



john falter






Los Vera se van a El Salar de Uyuni. Jorge Posada está totalmente concentrado en la corrección de un nuevo libro. Mientras, algunos de los encuestados sobre el 2016 se quejan. 

—Es decir que tú sólo nos endosas la factura y sigues de largo- reclaman.

Me resulta sumamente complicado responder a las preguntas que debí formular. No sólo, como decíamos, con Reynaldo Jiménez, por ser extemporáneo, sino porque a lo largo del año mi experiencia lectora no se circunscribió a una sola región, como suele ocurrir en los balances de año. “La culpa es de Transtierros”, me repito enfadado. Ana Claudia Díaz dice que esto es sólo un pretexto. Puede ser. Ana me conoce bien. Ocurre que, para mí, lo mejor que puede hacer el 2016 es transformarse en el año venidero y hacer de cuenta que nunca hubiera ocurrido. Esto es imposible. Creo hablar por todos a los que reúne Transtierros si afirmo que nada será igual: se nos fue Luis Alberto Arellano.

Cuesta  tanto asimilar este hecho que, sin querer, me descubro a punto de escribirle en el inbox: “mano, ¿te animas a la encuesta?  No duele”. El gordo era (y es) para nosotros alguien fundamental por su capacidad para proponer temas, autores, a veces también libros, y mantener fiel la atención de nuestros pocos lectores, acá todos somos cómplices.  

LA OTRA EN ESPAÑA

Si tuviera que subrayar algo de este año que se va es que Luis Alberto Arellano se fue con él  y la sensación de pérdida viene en trozos pequeños con nombre de diosa griega, escribió en Grandes atletas negros. Lo destaco como el libro que debo destacar –según manda la encuesta. Pero sería mezquino si dejo que la bronca lo presente como a una pieza única. De ninguna manera.  Pude conocer nuevos autores, destaco de España:     “El ave Fénix solo caga canela” de Ángel Cerviño –que ya tiene algún tiempo-,  “Constitución” de Marco Canteli,  “Nostalgia de a acción” de Ana Gorría,  "La curva se volvió barricada" de Ángela Segovia, “Tuscumbia” de Lola Nieto, “Cráter, Danza” de Olga Muñoz Carrasco,  “Y una sospecha como un dedo” de Francisco Layna. Y me quedo corto. Si algo agradezco a este año (mezquino y berreta) es haber tenido la oportunidad de ver de cerca cómo la poesía que se escribe en España, o al menos “una de ellas” (haciendo eco de la conversación con Benito Del Pliego, una de las tantas que tenemos hace una década, ver:  http://transtierros.blogspot.pe/2016/12/bacstage-benito-del-pliego-no-creo-que.html) aparece revitalizada, a punto tal que uno duda de la existencia de las huestes proincertidumbrosas o de la resaca de la homilía de la experiencia . Algo de esto sospechábamos gracias a escrituras como las de Benito, Antonio Méndez Rubio, Antonio Cordero, Enrique Mercado, Viktor Gómez, Berta García Faet, Su Xiao Xiao o después de descubrir en toda su dimensión la obra de autores como Chus Pato, Ildefonso Rodríguez, Olvido García Valdés -¿por qué ocultar que se trata de una de mis poetas más queridas?-, Miguel Casado o Eduardo Moga.

HECHO EN CASA

Antes de que se me acuse de pro-íbero –nuestros detractores acuñan denuestos espléndidos- y aunque antes, en algún momento,  ya me haya referido a los “nuevos aires” de la poesía peruana no quiero dejar de referirme a la aparición de “Procesos autónomos” de Manuel Fernández, “Muestra de arte disecado” de Roy Vega Jácome, “Capital / Contracapital” de Luis Enrique Mendoza o “La trama invisible” de Christian Briceño (publicado en el 2014 y al cual recién pudimos acceder). Para destacar también algunos títulos de “autores novísimos” –detesto el término, pero qué le vamos a hacer- como "Torschlusspanik" de Rosa Granda, “Feelback” de Valeria Román Marroquín –que fueron editados por Liliputienses-,  “MP3” de Roberto Valdivia –el cual aparecerá también con este sello-  y “Norcorea” de Kevin Castro junto a las nuevas entregas de algunos autores que nos interesan especialmente, y desde hace mucho tiempo,  como  “Objetos de distracción” de Magdalena Chocano o “El portapliegos” de Rafael Espinosa.

La encuesta pedía también se mencione un blog. Uno es imposible.

Destacamos: 


La existencia de estos espacios nos hace sospechar que la idea expresada por Lauer en el Hay Festival de Arequipa respecto de los blogs (como simples almacenes o repositorios de poemas) pudo ser el síntoma de un probable soroche.

Un post que recuerde, dice. 

No hay duda:




¿Podrías señalar un artista visual?, insiste.

Fidel Martínez, compartimos un avance de su novela gráfica Fuga de muerte 



Y si tuviéramos que señalar algunos aportes críticos los responsables de los mismos serían Emilio Lafferranderie y Rodrigo Vera Cubas (es un lujo para nosotros contar con ellos)

Sólo nos queda dar vuelta a la página esperando un 2017 más amable, el cual nos dé la oportunidad de volver a encontrarnos.


Feliz año.

BARRO Y BORRA: DEL NEOBARROCO AL POSTBARROCO EN LA POESÍA LATINOAMERICANA ACTUAL (IDA : BATISTA & VUELTA: MEDO)



robert and shana parke harrison
Síntesis

 Fiel a la naturaleza caudalosa del impulso barroco, la poesía latinoamericana se ha desplazado raudamente, en tan sólo seis décadas, del barroco redivivo en neobarroco a un postbarroco en plena fragua y ha llegado hasta a las amenazas de la dilución de ese barro genésico. Las manifestaciones teóricas más recientes sobre el fenómeno son las de la poeta y crítica argentina Tamara Kamenszain al referirse a un posible “neoborroso”, atribuible a los epígonos del movimiento; las del poeta peruano Maurizio Medo, al postular o sugerir un posible  postbarroco del momento; y las de un grupo de poetas agrupados en Nueva York y encabezados por el colombiano Gabriel Jaime Caro, autodenominados los Neoberracos, quienes han publicado un delirante manifiesto.


Germen

En general, el barroco es un movimiento cultural o período del arte que apareció en el año 1600, aproximadamente, y que llegó hasta el 1750. El término barroco surge originariamente con un significado peyorativo, a través de los siglos XVIII y XIX se usa como sinónimo de recargado, desmesurado, irracional.

 El ideal artístico del barroco en la literatura consiste en haber valorado la libertad absoluta para crear y distorsionar las formas, la condensación conceptual y la complejidad en la expresión. Todo ello tenía como finalidad asombrar o maravillar al lector. Dos corrientes estilísticas ejemplifican estos caracteres: el conceptismo y el culteranismo. Ambas son, en realidad, dos facetas de estilo barroco que comparten un mismo propósito: crear complicación y artificio. El conceptismo incide, sobre todo, en el plano del pensamiento. Su teórico y definidor fue Gracián, quien en Agudeza y arte de ingenio definió el concepto como “aquel acto del entendimiento, que exprime las correspondencias que se hallan entre los objetos”. Para conseguir este fin, los autores conceptistas se valieron de recursos retóricos, tales como la paradoja, la paronomasia o la elipsis. También emplearon con frecuencia la dilogía, recurso que consiste en emplear un significante con dos posibles significados.

robert and shana parke harrison
El culteranismo, a su vez, representado por Góngora, se preocupa, sobre todo, por la expresión. Sus caracteres más sobresalientes son la latinización del lenguaje y el empleo intensivo de metáforas e imágenes. La latinización del lenguaje se logra fundamentalmente mediante el uso intensivo del hipérbaton y el gusto por incluir cultismos y neologismos, como, por ejemplo, fulgor, candor, armonía, palestra. La metáfora es la base de la poesía culterana. El encadenamiento de metáforas o series de imágenes tiene el objetivo de huir de la realidad cotidiana para instalarnos en el universo artificial e idealizado de la poesía.

Posteriormente, hemos tenido la aparición del llamado neobarroco, cuya primera mención fue acuñada por Haroldo de Campos en 1955, y luego amplificada, en 1972 –aparentemente, sin noticias del primer abordaje del poeta concretista–, por el escritor cubano Severo Sarduy en su libro “Barroco”. Según  Sarduy, “el neobarroco no es otra cosa que un resurgimiento del barroco histórico”(*). Sólo después, en los 80s, y ya con la emergencia de otros nombres, se procedería a potenciar el neobarroco mucho más allá del resurgimiento de un concepto estético previo. Su naturaleza diferente, su trascendencia del prefijo “neo” quedó patente al ser refrendada nuevamente por Haroldo en su breve ensayo “Barroco, neobarroco, transbarroco” del año 2002.

 Vale indicar que para muchos lectores el, o lo, neobarroco es propiamente lo que Néstor Perlongher llamó, con ánimo verdaderamente paródico, neobarroso, al hacer referencia al barro del fondo del río de La Plata, que divide Argentina y Uruguay, y su reproducción en las poéticas de algunos nombres provenientes de la zona. Contribuye a reforzar esta opinión el hecho de que argentinos fueran nombres claves como el propio Perlongher, Tamara Kamenszain, Arturo Carrera y Osvaldo Lamborghini, y uruguayos como Eduardo Espina, Marosa di Giorgio, Eduardo Milán, Roberto Echavarren, etc. Donde empieza a resquebrajarse esta impresión, o más bien, a expandirse el criterio neobarroco, es cuando se piensa en la inmensidad lírica del cubano José Kozer, figura medular de esta expresión neobarroca, y quien ha sido reconocido recientemente con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en Chile, cosa sin dudas indicadora de una especie de primer “reconocimiento oficial” del neobarroco, luego de haber sido desmenuzado e híper analizado por la academia, y haberle sido abiertas las puertas de las grandes editoriales iberoamericanas. La misma impresión nos queda cuando apelamos a nombres esenciales como los mexicanos David Huerta y Coral Bracho o los peruanos Reynaldo Jiménez y Roger Santivañez. En definitiva, y ya en terreno teórico, el teatro burlesco neobarroso hace constar que toda mutación del tema neobarroco provendrá desde dentro. Visto esto, el neobarroco como tal, simplificando al máximo, fue una especie de movimiento literario no programático, esencialmente poético y teórico, que se desarrolló en América Latina en las décadas de los 80s y 90s, cuyo momento cumbre sería la antología Medusario, de 1996. Ahora bien, lo neobarroco es otra cosa: una especie de sentimiento, de modo y manera, de flujo poético inasible presente en distintas poéticas actuales.

Pasando ahora a la poesía neobarroca, nuestro tema medular, ésta es mayormente entendida como una reacción tanto contra la vanguardia como contra el coloquialismo más o menos comprometido, puesto que:

 – Comparte con la vanguardia una tendencia a la experimentación con el lenguaje, pero evita el didactismo ocasional de ésta, así como su preocupación estrecha con la imagen como icono, que lleva a remplazar la conexión gramatical con la anáfora y la enumeración caótica.

Si la vanguardia es una poesía de la imagen y de la metáfora, la poesía neobarroca promueve la conexión gramatical a través de una sintaxis complicada. El mismo Haroldo de Campos, después de la etapa del concretismo, ha escrito las Galaxias, ejercicio sintáctico de largo aliento. Los neobarrocos conciben su poesía como aventura del pensamiento más allá de los procedimientos circunscritos de la vanguardia.

– Aunque pueda resultar en ocasiones directa y anecdótica, la poesía neobarroca rechaza la noción, defendida expresa o implícitamente por los coloquialistas, de que hay una “vía media” de la comunicación poética. Los coloquialistas (o conversacionalistas, nota mía) operan según un modelo preconcebido de lo que puede ser dicho, y cómo, para hacerse entender y para adoctrinar a cierto público. Los poetas neobarrocos, al contario, pasan de un nivel de referencia a otro, sin limitarse a una estrategia específica, o a cierto vocabulario, o a una distancia irónica fija. Puede decirse que no tienen estilo, ya que más bien se deslizan de un estilo a otro sin volverse prisioneros de una posición o procedimiento.

robert and shana parke harrison
Lo cierto es que, estando en estos tiempos de posmodernidad tardía en debate la poesía, como fenómeno expresivo de la realidad y esencia humanas, así como de los conocimientos acumulados, el debate ha de trascender los abordajes francos de la realidad, la vía recta, en esta actualidad de simultaneísmo de caos y orden, limite y exceso, totalidad y fragmento, fijación e inestabilidad. Al parecer, nos encontramos en plena Era Neobarroca, como propone Omar Calabrese en su libro de 1987 con ese mismo título. “¿Cuál es el gusto predominante de este tiempo nuestro, tan aparentemente confuso, fragmentado, indescifrable?”, se pregunta Calabrese, y cree haberlo encontrado, proponiendo para él también un nombre: neobarroco.

Al trascender los ismos, al filtrarse, infiltrarse, permear las múltiples capas tectónicas del texto, lo neobarroco es un impulso, rastreable en muchas voces a lo largo de la lengua, trascendiendo los países, islas, continentes. Lenguaje sierpe, dice José Kozer –uno de los grandes nombres ligados al neobarroco–, ese lenguaje que se desliza a  ras de tierra para poder volar.

Naturalmente, no se debe obviar que el impulso neobarroco ha producido obras en prosa medulares, como las novelas Paradiso y Opianno Licario de Lezama Lima, El Gran Sertón: Veredas de Guimaraes Rosa, toda la obra narrativa de Severo Sarduy (salvo, quizás, Gestos) y (si los vemos como tal, como narrativa) Catatau de Paulo Leminsky y Mar paraguayo de Wilson Bueno.

Y el que se llama neobarroco latinoamericano implica al menos dos lenguas oficiales: el castellano y el portugués, a lo que debemos agregar la complejidad de los distintos castellanos escritos en cada país, y que además hablamos de “brasileño”, más que de propiamente lengua portuguesa. Súmense las expresiones del portuñol y tendremos el panorama completo del nuevo orden.

Antologías que tocan las partituras neobarrocas: Caribe transplatino (19XX), de Néstor Perlongher y Josely Vianna Baptista; Transplatinos (19XX), de Roberto Echavarren, Medusario, muestra de poesía latinoamericana (1996), de José Kozer, Roberto Echavarren y Jacobo Sefami; Jardín de Camaleones (a poesía neobarroca na América Latina (2003), de Claudio Daniel; y País Imaginario,  escrituras y transtextos, poesía en América Latina (20XX y 2014), de Mario Arteca, Benito del Pliego y Maurizio Medo, que incluye poetas nacidos entre 1960 y 1979.

En esta última muestra se retorna al prefijo “trans” aplicado a lo barroco, ya expuesto por Haroldo de Campos como deriva neobarroco. Al paso que vamos, de prefijo a prefijo (neo, trans, post), se va haciendo constar la existencia de dos categorías opuestas: lo barroco y lo no-barroco o, tal vez, forzando las cosas, lo contra-barroco. Tal vez se llegue a hablar en algún momento de lo tardo-barroco. Por ahora, lo postbarroco parece apuntar a la trascendencia o síntesis de los opuestos claridad-oscuridad, a su mescolanza, para mi ejemplificada claramente por los poetas ecuatorianos Juan José Rodriguez Santamaría, Cesar Eduardo Carrión, Luis Carlos Mussó, Ernesto Carrion y Andrés Villalba Becdach; los paraguayos Joaquín Morales, Monserrat Álvarez y Cristino Bogado, los puertorriqueños Pedro López-Adorno y Néstor Barreto, los mexicanos Rocío Cerón, Yaxkin Melchy, Daniel Bencomo y Ángel Ortuño, los chilenos Pedro Montealegre, Paula Ilabaca y Sergio Alfsen-Romussi, los argentinos Carlos Elliff, Romina Freschi y Juan Salzano, los peruanos Maurizio Medo, Victoria Guerrero y Manuel Liendo, los uruguayos Emilio Laferranderie, Enrique Bacci y Manuel Barrios, los dominicanos Plinio Chahin, Neronessa y Pablo Reyes, los cubanos Pablo de Cuba Soria, Damaris Calderón y Rogelio Saunders… Una nómina que habla, más que de países, de poéticas y voces, de abordajes y deconstrucciones, de perspectivas de detonación “desde el vislumbre (dice Eduardo Milán, agudo teórico de estos impulsos) de la imposibilidad de lo poético contemporáneo de acceder a una dicción sublime” (**).


Criteria

Lezama –melaza o maleza– Lima.

“Only one answer: write carelessly so that nothing that is not green will survive”. Sólo una respuesta: escribe descuidadamente de manera que nada que no sea verde sobreviva. Este verso del “Paterson” de William Carlos Williams.

 El poema, visto así, desde lo neobarroco, incluye su excedente.

robert and shana parke harrison
Lezama Lima calificó al barroco americano como un fenómeno de “contra conquista”. Yo diría que es la vuelta de Darío, esparcida por nuestra lengua-cultura, en el sentido de la reconquista. Hemos hecho que nos vean como renovadores de una lengua que dejó de ser exclusivamente castellana, para estallar en múltiples lenguas españolas, como esa fruta de granada colorida. Cada vez que recuerdo que el influjo del Siglo de Oro ha encontrado su sobredimensión en el neobarroco caribeño, el neobarroso de La Plata y hasta en el neoverraco antioqueño, me corre mejor la sangre. La antipoesía es nuestra, el concretismo también lo es. Lo que escriben los novísimos mexicanos es profundamente ancilar: Bravo Varela, Rocío Cerón, Herbert, Fabre, Lumbreras, Plascencia Ñol… Y ni hablar de lo que pasa en Argentina y Uruguay: objetivismo en pulso con los alógenos y el impulso revisionista-neobarroco de Mario Arteca, Romina Freschi… Y cuando se trata de vehicular lo indígena con nuestra lengua madre, ocurre un estallido: Cristino Bogado, Jaime Luis Huenún… El tratamiento de lo cotidiano en el ecuatoriano Edwin Madrid, el chileno Germán Carrasco, la nicaragüense Tania Montenegro, el argentino Washington Cucurto, la peruana Monserrat Álvarez y el costarricense Luis Chaves sería deseable como auténtica poesía de la experiencia. Y ¿cómo nos explicamos en Paraguay un arrebato léxico como el de Joaquín Morales, ah? Eso para quedarnos con los más jóvenes, y para no abrumar recordando fichas claves, incluso todavía poderosamente vivos, como Gonzalo Rojas, Belli, Gelman, Deniz, Hinostroza, Jotamario, Verástegui, Cardenal, y me voy quedando corto.

Aparte, es un hecho que el impulso neobarroco postuló nombres de impronta permanente: Kozer, Perlongher, Marosa, Reynaldo Jiménez, Coral Bracho, Osvaldo Lamborghini, Eduardo Milán, Juan Luis Martínez, Arturo Carrera, Eduardo Espina, David Huerta…

En fin: el nuevo paradigma, ya implantado y en plena germinación.



VUELTA

la vida es una canción de Madonna cantada por Stephen Hawkings.
Andrés Villalba



robert and shana parke harrison
Quisiera empezar señalando que eso que denominamos barroco podrá ostentar el prefijo que se desee (trans, post) e incluso tentar el contra, casi al borde del anti, pero lo que permanecerá inalterable es esa condición, la de lo barroco, pues resulta algo connatural a la estructura de la expresión del idioma que hablamos, y al cual no me atrevo a denominar como “español” o “castellano” –aunque deje los lingüistas en out side, fuera de juego, solos con su especialidad, la misma que, si no se desplaza, se diluye.

Digo esto pues, conforme se desarrolla, el idioma se viene transformando cada vez más en una perversión de sí mismo. Fundamentalmente por la tendencia glocal que parece apuntar hacia la hibridación, una que sí da frutos, sea de oralidades, y algo de esto dijo León, como de dialectos, muchos de ellos de carácter fronterizos, los que, en sí mismos, constituyen una mezcla de mezclas, a veces de opuestos, tanto por su luminosidad como por su densidad o por su tesitura, a punto tal que si aún existe intertexto, este ocurre entre órbitas diversas de un lenguaje que, como institución estipulada, no existe.

Hoy es utopía.

Creo que sí conviene aclarar que el único prefijo que, a la luz del tiempo, puede resultar discutible, es aquel del neo, si es que se le asocia exclusivamente con la chanza perlonghiana, una triquiñuela lúdica planteada como una emergencia, y no una moda, y que, por su naturaleza, debiera prescindir tanto de epigonalidades como de interpretaciones maniaco-estetizantes. Y también de forzarlas pues, aquellas escrituras nimbadas por el aura de la rareza dariana, fueron conminadas a ser coda, como el neo de lo neo, cuando estructural y políticamente nos planteaban otra cosa.

Hablar hoy de una barroquización, no se me ocurre otro término, en nuestro ya pervertido lenguaje, no implica categorizar este fenómeno como una corriente estilística –en la que, tal vez, por mal interpretarse, se agotó rezagada como emergencia histórica- este es un fenómeno que aparece autónomo,  respecto de la literatura, y tal vez más cercano a la metalengua particular de los nuevos recursos y las nuevas plataformas tecnológicas destinadas a la comunicación masiva.

 ¿Estoy sugiriendo con esto un punto de encuentro entre lo que escribimos en el idioma de las Américas y en España con lo que se obra desde el limitado “pundonor aspiracional” de los Alt Lit?

Para nada. Si algo traza una línea divisoria, en primer lugar es nuestro idioma, uno en ebullición, ante otro que se duerme sobre los laureles de su vieja eficacia –el patrimonio más valioso de la poesía estadounidense- sin sospecharse, ni por un instante, arrastrada hacia el naufragio en la nadería de la parafernalia anecdótica de “lo que pasa mientras” (se escribe) sin un ápice de literariedad, muy próxima a los fanfics.

El otro punto delimitante es este, e insisto en subrayar la literariedad como el atributo particular de ciertas escrituras –ya no hablemos de “belleza”- que las salvan de devenir simplemente como una mera catarsis, tal como hiciera –lo sabemos ahora- el padre de Ana Frank, u hoy el sobrevalorado Tao Lin.

Mezcla e hibridación; autonomía; literariedad, dije hasta ahora. Y tal vez otro flujo que destacar en estas escrituras (trans o post) barrocas, es que se desplazaron de la desmesura a la condensación, una casi fragmentaria de los discursos ensayados, gran parte de ellos determinados por el concepto de remix (entiéndase como reescritura, intervención o impugnación  del “original”)

A veces pueden manifestarse, como señale alguna vez, a través del sonido como un elemento generador de nuevos sentidos (Andrés Villalba, Rodrigo Vera, Enrique Winter, Ángela Segovia), en otras como si se estuviera realizando un zapping por los diversos canales que emite(n) la(s) tradiciones y, no conformes con ello, desmantelar, luego a  la máquina productora con el propósito de descifrar el funcionamiento de los circuitos actuantes (Jorge Posada).

robert and shana parke harrison
Estos fragmentos aparecen también con el aparente hiperrealismo de los antiguos fotogramas, pero de lugares tan íntimos que se surrealizan para poder ser así expresados (Luis Eduardo García,  Carolina Quiñonez Salpietro, Su Xiao Xiao), a veces con el tono aforístico de una verdad absoluta. Tal vez poético, pero no con la pretensión artística del clásico objeto literario.

 Pero que quede claro, estas escrituras no aparecen cancelatorias respecto de la tradición que las puso en movimiento. No hay parricidio. Sí samples (Juan Salzano), loops (Carlos Bueno) talk poems que, de pronto, arrecian como si se tratara de un jammin de escritura hablada (Berta García Faet y Santiago Vera) o de un cover epocal (Roberto Valdivia)

Tienen en común el hecho de alzarse contra el idioma en favor de un lenguaje al cual no acceden, no pueden hacerlo, ni los lingüistas ni los traductores y que bien podrían suscitar una severa migraña en el reseñista que intenta abordarlas desde criterios que fueron superados, pues, cada una, plantea en sí, una forma distinta de detonación.

La lógica del oxímoron fue desplazada por la correspondencia proyectiva de un nuevo imagismo, uno que, adrede, en vez de “cerrar” herméticamente la estructura –del poema- prefiere “abrirla aún más” construyendo artesanalmente su propio hipervínculo, porque, en su mayoría, al hablar de estas nuevas manifestaciones post, trans o contra (que surgen desde lo barroco como de un sentimiento natural) hablamos de obras, a veces de un constant concept, que ya no se traga el cuento de un libro editado como un conjunto de hits coleccionables.


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* La teoría del neobarroco de Severo Sarduy, Samuel Arriarán.

**Neobarroso, Eduardo Milán.