jueves, 1 de diciembre de 2016

LA CUESTIÓN DEL PELLEJO. MÓNICA ROSENBLUM

el odio como signo


“Lo que sucede entre dos, entre todos los «dos» que se quiera, como entre vida y muerte, siempre precisa, para mantenerse, de la intervención de algún fantasma”
Jacques Derrida
Basta decir “el ser humano” para naturalizar una disposición. Aun cuando falte el verbo - responsabilidad divina- que agencia, la mera enunciación de algo como alguien condiciona su devenir: impone una forma y una ley que lo trasunta. En La cuestión del pellejo (alto pogo, 2016), Mónica Rosenblum hace visible la marca que todos llevamos por Cain, hijo del odio. No se trata, en este caso, tan sólo de una señal, sino más bien de la carga. ¿Cómo convivir con los espectros del pasado? ¿Es posible iluminar sin olvidar?
La obra de Rosenblum se plantea un regreso al instante en que se funda la violencia en el género humano. Y lo hace a través de preguntas, interrogantes que se deslizan en un viaje acompasado hacia el núcleo de la responsabilidad. El primer destinatario de las preguntas de la obra es el propio Cain: ¿qué es lo que late en ese odio nacido del amor? Se trata, como señala Claudia Masin en el prólogo, de saber no sólo sobre la violencia, sino acerca de la tregua y del consuelo. La cultura resulta un magma espectral de hechos y juicios propiciados por alguien por cuyo lugar se pregunta (”¿y dónde está/ el señor/ que pregunta/ dónde está?”). Aparece entonces una figura espectral que condena a su hijo a responder por los actos que ella mismo incitó.
La reconciliación con el primer antepasado que pagó el crimen resulta un eje vertebral para todo lo que se desarrolla luego, ya sea bajo el título de El salvo o incluso de El marco de la puerta. Un recorrido que está teñido de esa violencia que nos habita sin llegar a pertenecernos, pero con la que fuimos dispuestos a convivir. Se trata de indagar al fantasma que la mantiene viva: no se trata de naturalizarlo, sino de mostrar cuán plástico, cuán escurridizo puede ser. La marca no puede ser borrada, pero si desandamos la historia, podemos desafiar lo que alguien decidió que fuera nuestra naturaleza.
El poema se convierte entonces en un merodeo sutil, de canción de cuna, alrededor de una entidad tramposa, paradójica y ruin. Pero el objetivo de este desandar los caminos del odio no tiene por finalidad encontrar la clave, el chivo expiatorio, el responsable. Es un depurar: dejar el camino libre de discursos para que aflore eso que nos acecha, limpio, sin denominación. El silencio cobra el valor crucial de ser el territorio de donde emerge eso que late sin ley. No se puede recobrar el tiempo, ni deshacer ni desdecir: más bien, se puede alumbrar con otra luz el mismo fuego.


Mauro Lo Coco













Caín dijo a su hermano Abel: “Salgamos al campo”.
Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre
su hermano y lo mató.
Gn 4:8





¿así pijama rayado
y medio dormido
te siguió Abel?

hay una confianza
un no dudar
cuando alguien
cercano
nos dice vení
o vení mirá
y vamos detrás
esperando algo
o nada especial

vamos sin dudar
distraídos tal vez
pensando en otra cosa
a veces
ni siquiera intrigados
vamos porque
nos dijo vení,
y vení alcanza para ir detrás
puede tratarse de algo importante
de algo pequeño
de algo para uno
o para el otro
simplemente vamos
por quien nos convoca





Caín dijo a su hermano Abel: “Vamos afuera”.
Gn 4:8 Biblia de Jerusalén, Versión 1976


¿cómo es vamos?
¿cuál hilo
hilacha
cuál lazo
cuál nosotros?
¿vamos juntos?
¿vamos vos y yo
afuera
a matarte?
¿matar es afuera, Caín?
¿por qué?
¿por lejos, por solos
por los padres
por la serpiente
por la manzana
por los gusanos?
¿es eso?
¿dudaste, Caín?

ah, cómo querríamos
cuánto querríamos
saber de tu previa

¿a qué ritmo caminabas?
cada paso asentaba
el sello
en la tierra
derecha sí
izquierda voy a hacerlo
sívoyahacerlosívoyahacerlo
¿fue así, Caín?

¿de niños
armabas tus torres
y Abel te las demolía?
¿las hilvanabas
hasta el cielo
y de un soplido
te las derribaba?
¿es eso?
¿a babel
jugaban?
¿te voy a matar
le premonizabas?
¿miraban el cielo?
¿por repartija
de estrellas
peleaban?
¿y esa noche?
¿o fue de día?
¿miraste el cielo?
¿lo viste?
¿Abel miró?
¿miró?
¿qué miró?
¿volviste tu cara
para ver la suya?
¿dónde guardaste
su dejarse hacer
su dejarte hacer?
¿y en qué preciso lugar
decidiste detener
la marcha?
¿ya lo habías marcado?
¿o se te detuvo?

mudo
nudo
de una trama
suprema
¿trampa?
¿lo ves así, Caín?

a veces duele
menos
ser objeto
que sujeto

¿sujetaste a Abel?
¿se sujetó de vos?
¿cómo pasaste
de vamos a voy?
¿cómo te miró él
cuando lo supo?
¿cuándo lo supo?

¿y los cuerpos?
¿los cuerpos juntos?
tantas veces
los cuerpos hermanos
¿y entonces?
¿y aquella vez?
¿se desprendió?
¿pudiste desprenderlo
cuando se desprendió?
¿o todavía?

¿y entonces?

¿cómo lo llevás, Caín?




(de: preguntas frecuentes para caín)








IV

¿de qué está hecho
eso que vuelve
de pronto
la mirada hacia arriba
y te encuentra
pidiendo?




¿es un don?
¿un instante
una junta
intersticio?
¿es un soplo
al oído?
¿qué hace
que alguien corra
otro se quede
otro mire
otro avise
otro se tape los ojos
otro grite
alguien diga
una oración
que jamás pronunció antes?
¿dónde viven
las palabras
de esa oración
cuando nadie
las usa?
¿dónde descansa
esa lengua?
¿quién la riega
la alimenta?
¿quién vela
por aquello que
diremos
cuando la propia
lengua no alcance
cuando el abismo
nos mire
azorado
exigiendo palabra
o gesto
o ambos
o cuál es
la diferencia?


(de: el salvo)








CORO

ah, querría yo
una mano gigante
protectora
en la cual descansar
olvidar recordar
mecerme más allá
de los tiempos
de los hechos
de la propia
innombrable
traspasar las secuelas
comprender, acaso
reposar
recordar olvidar
algo alguien que me acune
querría
un consuelo
una tregua
una brisa fresca
sobre la sangre
un jazmín
un panadero
una rendija con luz
una hojita verde



DE MADRUGADA, ENTRE LA SOMBRA, EL VIENTO. JOSÉ-MIGUEL ULLÁN. (I)



Art Blog - Alex Roulette - Empty Kingdom





He ahí

No te imagino heroica
Tampoco en vano

Déjame al ir
Velarte
Sin dar tu nombre

Virtud de no estar nunca
Lo suficiente

En cualquier parte







Tangible

No se detiene nunca cuanto en el otro fuera
irrepetible.
                    Tiempo
al tiempo que alcanzamos otra rama vacía.

Sin recursos patéticos. Y, aun así,
oh celeste ataúd, oh melodía
de las amputaciones felices:
                                                      - Si huyes,
estás perdido.
                              (Pero no
se detiene.)








Perfil de enero

luz ósea la de la U
garganta

honda del viento
piedra sumisa

                                  padre
donde apenas descansas






De incidentibus in fluido

Un padre nunca sale a flote de la sospecha del amor moroso - en el rabo del ojo filial.

Un padre es bueno si ha enterrado el perro debajo de la cepa casadera. Un mal padre te enseña aquella cepa a quema ropa, con el dedo burlón. Un padre no prohíbe; es lo prohibido: cerilla que se inflama y da en el clavo. Un padre -y uno mengua- asusta un huevo.

Un padre es insoluble: se hace el muerto. Sigue, sigue flotando boca arriba, donde ya el Tormes se disuelve en Duero, como gusano de inocencia y cera (portuguesas). 






Tatuaje

El que va de la nuez al ruido,
que es el morir de proximidad
o hechizo,
no quiere hacer de la tarde nada.

En la otra dirección hacen los otros
su mediodía. 






Donde maldice y halla espacio

Un ruido es como un dios: sólo perece cuando tú
te lo tomas a pecho (de la nunca a la nuez)
y le chillas ((de noche: al oído))
que ruede del holgar a hacer fortuna,
que no te deje en paz
(((si le conviene por ventura al trueno)))
y que puede ir mirando          d e s p a c i o
la manera febril de abrirse paso
entre lo imprescindible de nuestra voluntad
-cansada /
                         ya de tantos empeños sigilosos...

¿Se arrepiente? ¿Se acuerda?
El caso es que se aviene sin dar tumbos 
a fatídico coágulo:

                               ¡Dentro del cielo viva
                                                   sepultado!




José-Miguel Ullán.
De madrugada, entre la sombre. el viento.
Calamus. 





                  

miércoles, 30 de noviembre de 2016

ANTITIERRA. VALERIA TENTONI.











Desde hace días me acosa la misma pesadilla:
un animal que escupe
filamentos de otro animal, uno más lento,
en mi cara. 






Quiero reventarme
contra el futuro
como un insecto de esos
que se convierten en estrellas en la ruta
sobre el cielo polarizado
de un parabrisas ajeno. 







Yo me saco esto que traigo
y te lo dejo
como dejan algunos perros
pájaros muertos en la puerta de sus dueños.

Con inocencia
y con exceso. 







Por la ventana, de un momento a otro,
podría entrar un pájaro
también despierto en medio de la noche
y yo podría
confundirlo con un murciélago y odiarlo.







Tuvimos peces. Se murieron
panza arriba, inflamados
de alimento. Eran tres y eran siniestros.
Todos los peces son siniestros. 

No confío en nadie que no pueda cerrar los ojos. 








Un libro
y después las fe de erratas
de ese libro

insistir
en esa idea pequeñísima
hasta agotarte. 








Valeria Tentoni.
Antitierra.
Neutrinos, Argentina.
2016.







lunes, 21 de noviembre de 2016

PASEANTE Y HUÉSPED. LILIANA PONCE

Un paseante es alguien que camina por placer y, a menudo, busca asilo en la multitud. Puede tratarse de un individuo que se traslada por la urbe y deambula sin rumbo fijo, atraído por los embelesos de lo fugaz: el flâneur de Charles Baudelaire. Acaso se entrega a la perdición, despojándose de mapas y guías. La figura que propone Liliana Ponce se acerca, estrictamente, a la del viajero. Turista y viajero –sabemos– son figuras antagónicas: el primero realiza un desplazamiento espacial con la certeza previa de lo conocido; el segundo se deja llevar por lo transitorio sin ninguna programación. Puede encarnar la imagen errática del vagabundeo en busca de algo que no se conoce del todo y proponer otra lógica del tiempo, distinta de la sucesión (“ya olvidé cómo dividir las horas”). En estos poemas, el yo poético hace un uso irreductible de la libertad al observar oblicuamente, sin dejarse atrapar del todo por el gusto y el saber unánimes. Hay un anhelo por cruzar un umbral. Dejarse llevar por los avatares revela una necesidad: aligerarse del saber taxativo con el objeto de ver el mundo con ojos nuevos. Sustraerse de las obligaciones, de los gestos nerviosos; percibir la heterogeneidad y el vértigo de las calles; explorar las superficies y las texturas de los paisajes son acontecimientos de la percepción que, secretamente, incomodan al aceitado mecanismo del sistema social pues alguien se dedica a mirar desde una perspectiva distinta.
El libro de Liliana Ponce propone, además, otro estado: la hospitalidad. Ezra Pound escribió: “Si has de venir por los vados del río Kiang,/ por favor, házmelo saber de antemano/ y yo saldré a recibirte” ¿Qué revelan estos versos? El deseo de alberg ar a los otros, el de ser rozado y abrazado por los demás. Un acto de voluntad, e incluso, un esfuerzo (una forma sencilla del afecto) están implícitos en los versos citados. Sin embargo, hay otro modo de la hospitalidad: habitar este mundo (el jardín de la casa, las mañanas tórridas, la siesta hipnótica), y ser partícipe de “otro mundo que empezó en este”. Una suerte de fluencia e invisible electricidad dota de significación a esa experiencia en la que un individuo absorbe aquello que lo rodea y asume “lo que queda” con el lenguaje de una extrema sensibilidad. Habitar el mundo y ser habitado por él, por sus seres, sus plantas y sus objetos no solo es constituirse en un huésped, sino también volverse hospitalario con lo que la naturaleza y la vida proveen. La hospitalidad, de esta manera, se convierte en una atención, en una espera, y hasta en una demora, mediante la plena “libertad del goce del presente”. Si se arroga a la poesía un carácter hospitalario, adviene como un lenguaje que hace lugar a los otros desde el hiato temporal, al inaugurar un tiempo discontinuo donde se expande la afectividad. El lenguaje, más que aprehender y dominar las cosas a través del léxico, en este caso, procura ser partícipe de la materialidad como un efecto poético y una pequeña felicidad.
Materia y poesía. Liliana Ponce articula un fraseo que reconoce los dones del lirismo sin ninguna estridencia confesional y sin tonos altos. Sus poemas agradecen la materia y reconocen la existencia como un bien; asumen el misterio de la vida, su íntimo secreto, en términos de bienestar e incertidumbre. La pequeña felicidad con la que una persona puede reconocer el mundo (los olores, los colores, los sonidos), en este libro se transfigura en undiscurso que nombra seres y objetos como si fueran algo íntimo y ajeno a la vez. Cercanía y extrañeza de las cosas producen confianza e inquietud, simultáneamente. El paseo, la hospitalidad: vertientes poéticas que promueven en la percepción del mundo formas inesperadas del amor.


 Carlos Battilana
(fragmento del prólogo)











3

Hace un día casi, en auto recorría otro paisaje.
Foránea en planicies de arenisca,
a lo largo de rutas infinitas.
Color de almendra el polvo,
se abre a las serpientes miméticas, sutiles,
que no pueden verse sin prestar atención a lo obvio.
(Es mi anhelo entrar en el corazón de México
–ya bebí sangre de chili,
y gota a gota el agave
entra en mi lengua, se sella en el aliento.)
En el nudo, mi entrada en el secreto:
cómo el cielo comerá al desierto,
lo disolverá en una sola sustancia
sin la convulsión de lo húmedo, lo árido.

La estación de la víbora espera en esta arena,
mi sol despojado, sol rayo
para un espacio esculpido a fuego.
La luz en anillos cae dorada en sus fauces
y me absorbe.







6

La ciudad se acerca.
Voy por la carretera como si durmiera
en un relámpago.
¿Cuánto hace que partí?
El ardor roe la sed, el hambre, el dolor.
Un suave polvo impregna tu vestido y el cabello
se ha vuelto gris –gris de liquen,
de piedra húmeda
(¿o es que acaso debo pensar en lo húmedo
para esconder la aridez, o desplazarla?)

Duermo en un relámpago
y sé que olvido la muerte
como si olvidara un sueño rápido,
el instante en el vértice de los signos.

Al final del viaje
habrá que tejer en el viento–
y sobre este desierto
todo lo dicho alguna vez se expande,
móvil, continuo.







I

Siesta

pedir al iris, a las pestañas húmedas,
cerrar la ventana nunca abierta,
la puerta nunca abierta,
cancelar el cerrojo

la fiebre marca el paso de enero –una esgrima–
y el golpe de lejanas varas, martillos,
bajo la luz que entra en olas de fuego,

sin equilibrio
de la mano y en el borde de la roca,
dormir en tramos de espacios
que vuelan al techo del cuarto
que equivale al puerto, al umbral
donde empezar a reconocer islas del después
que se escurre y desmenuza







II

Una vez dijiste…

Una vez dijiste: el tiempo es la medida de la línea
–cambio las palabras que brillan hasta quemarme
pero como murmuró la vidente,
ya estaba dicho el destino.
Fue hace tiempo, cuando echó las cartas
–anunciaban las monedas rotas
y la imagen oxidada por la sombra,
rezos incumplidos,
veneración al viento en la hora violeta.







III

Arranqué las flores…

Arranqué las flores, arranqué las ramas
–fue cuando éramos como niños
y llevábamos en brazos las hiedras.
Ahora la estampa dibujada
es el mapa en sepia.

Escuchá atentamente, querido,
escuchá al viento en las ventanas,
mirá el cielo, la Vía Láctea.
¿Qué haremos caminando sin rumbo
mientras la escalera se abre
y cae en la grieta del desierto?
¿Vendrás conmigo para sujetarme?
Ahora los dedos se escurren,
tiembla el aire y la sangre sabe

que la hora tiene su voz sincronizada.




jueves, 17 de noviembre de 2016

Y UN TREN LENTO APARECIÓ POR LA CURVA/ RÉQUIEM. MAURIZIO MEDO







1.


Chepa ¡

Ni siquiera podía adivinar si aquello
surgía del clímax de algún estúpido juego
o era la vida presentándose para cumplir su jornada
Dos veces muda,  y algo sorda por falta de ganas
aunque sólo tuviera que arrimarme el ascua
y después continuar por allí, de anónima

“Un secreto de costureras”, leí una vez al viejo Adán
sin saber si hablaba de poesía o de cierto sentido
Pero chepa ¡  Aún no logro ensartar por la aguja el hilo
Apenas puedo aguaitar la casa, un ámbito
consagrado por mi padre antes de componer
el réquiem que lo bautizó en difunto
el día que descubrió a sus hijos

Mamá prefirió abdicar del presente y en vez
huir por el meollo de una foto aparecida
en La Stampa , un día de los años 40
sin encontrar una sola recompensa,
tal vez los restos de algo perdido
allí bajo el escombro



2.


— ¡Figlio, figlio¡ —clama desde allí

Yo no sé cómo responder a ese llamado

Ella es el fantasma de una niña
cuya infancia le fue arrebatada 

Chepa¡  No me armen tanta bulla

Bajen otra vez el volumen

Papá oscura en la composición de su Rex gloriæ 

No ha descubierto a mamá naufraga

A nosotros dos cada vez más monstruos

Mi hermana obrando un juego en el cual
el futuro puede estar bajo cualquier objeto

Yo inane al descubrir que debía inventarle
a mamá aunque fuera un albur
de aquella infancia

Escribí “cosas”, bisbiseó el viejo la noche
de aquel junio negro en la que crispó al
hallarme transido en el dislate e hizo
silbar el látigo hasta hundir las teclas
en mi antigua Remington

















La sangre dijo que eso era pura vidorra

—La poesía no sirve—mi padre

Me obligó a tragar lo más amargo de esa bosta
Y cuando el látigo estuvo a punto
de piafar otra vez y emborrascarme
mi madre pudo detener a papá
y empezó a enjugar toda la hiel

Hasta hoy ella lleva consigo las heridas
con tal de no olvidar a su infancia
revelándose  a través de mi sangre
coloidal, espesa y bruta

Por eso, tal vez escarapela

— Eso debió doler, y mucho —insiste

Se lo niego estoico por cínico, como la vez
en la que oí su voz como si fuera un eco
salido de donde no habían partituras

—Hijo, ¿ no hay acaso otro camino
       donde grabar tu nombre
con un matiz menos ofensivo
de aquel que tu padre abjura ?

El tren ya había partido

Ella vio el perfil de un abismo
a través de un horizonte
      cien veces bardado
bajo un oscuro sol
  de pájaros muertos


4.


¿Qué quiso decir mamá al hablar de un “camino”?
Las palabras son exiguas, bastante moscas
Algo más efímeras que el compás de una solfa 
Si me afano y mido cuánto dicen de lo que
en realidad pudo haber transcurrido
Son una finta que amaga al recordar el color
de un lugar adonde no estuve, fuera de
la jaula Faraday, exiliado de un terruño que
en sí  fue tan falso como una postal europea
Pero allende a este océano, con la imperfecta talla
de un mate burilado cuyo error  suscita
precisamente tal hermosura


—A Europa —observo— se la devoró la ansiedad
por trascender la historia para después negociar
como divino el  pesado lastre de lo humano 
Yo amo aquello virgen,  por hacerse — me dije
al bajar en un lugar que no existe
Salvo como río o volcán



40.

Para Ángel Cerviño



—No hay nada contra ellos—aclaré a Cerviño

En la calle Claudio Marcelo las columnas romanas
contrastaron con la repentina erosión del Pekin Pound
Parece ser capaz de transformar  una estampa cordobesa 
en una oscura instantánea captada en las entrañas
de Saigón —Es  en contra del poder oculto en las mayorías
Hoy en ganga por el exiguo valor con que la mano obra

Estaba por agregar algo respecto al sentido
de atreverse a escribir contra esas mayorías
por un camino que curva hasta dar la impresión
de haberse fundido con el abismo
que ha venido orillando, como advirtiéndonos:

“Mira abajo, ese es el precio, loco”

Me pregunto, ¿la poesía  fluye
libre de la dictadura que prosa
la dimensión del capital?

No sé, Ángel, si alcancé a expresarlo

Tush acierta al afirmar que la vida
es una canción de Madonna
interpretada por Hawkings

En esta línea murió mi madre

¿Debo conformarme con creer
que la muerte es una interferencia espuria
al renunciar a su condición estadística
invisible en los umbrales de la vida
para constituirse en una vil usurpación?

Hasta ayer muerte fue una palabra
similar a un mal filme de Tornatore,

aburrida



41.


A Giuliana, I. M.



A veces sabía decirle sólo  Giuliana
Tal vez porque su cordón umbilical no sólo
nos unía en el presente Se enredaba hasta
enlazar nuestras infancias y repentinamente
la convertía en una hermana traviesa


Alguien cuya historia fue de esperanza plena
(y esto a pesar del acíbar que hacía dudar
a la pacienc
ia de continuar o no en la espera)
al sospechar pródiga a la oscura providencia  

Ahora mi infancia luye lenta el registro de un filme
que se ha velado, y mamá —ese cursil arcaísmo
como el único presente que,  al mismo tiempo
puede pertenecer al pasado — ¿Y el futuro?
— le preguntaba con el candor de quien
confunde un carrusel con el oráculo

Ella apenas sonreía

Para nosotros era un día cualquiera

Hoy fue ese cualquier día

La metáfora dictó

Cuando el monstruo  aprendió a llorar

Tal vez llegó la hora de sentarse
y empezar a desescribir cada poema



Como la guerra al futuro de una biografía


42.


voy a reemplazar al viento
Róger Santiváñez




Mejor me despercudo y
tarjo la frase  en esta línea
murió mi madre

¿Digo mejor que se transformó en una canción?

Mamá no ha muerto

Está conmigo

Me toma dos veces madre de la mano huérfana
mientras entierro al niño que un día me soñó

Ahora está todo oscuro

Demasiado oscuro como para reemplazar al viento

Yo también soy esa canción





43.




A Ludy, otra vez



Al escribir riel leí allí casa

Está en La Cantuta, a salvo

Ya no me importa

Quizá pronto no sea más su propietario
y folguen nuevos inquilinos,
víctimas de los arbitrios
y de las tasas de interés

El hogar viaja conmigo

—No hay regreso—trilló por el aire
un oscuro cernícalo

Tampoco adónde volver


44.



— ¿Y mamá?

Tush acierta al afirmar que la vida
es una canción de Madonna
interpretada por Hawkings

Como fui quien le inventó al detalle
cada constelación de la infancia
no hizo falta bajarse en Carignano

Contemplar el Po desde la lágrima

O perderse adrede en Garibaldi

Cuando se detuvo el tren lo supe

Torino era otro fantasma

Un retrato a punto de velar ya desvaído

El recuerdo soy yo

Y eso, créanme

(aunque no lo registre Wikipedia)


Hoy está vivo